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Abrigate que hace frío

Publicado en Agricultura Martes, 19 Septiembre 2017 00:00
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URU0919
Por Santiago Molinaro

Al sistema agrícola uruguayo le calza bien la vestimenta estival en verano, pero cuando llega el invierno parece no tener un abrigo en su ropero que le permita atravesar la estación de mitad de año de buena manera. ¿Qué se está haciendo para no pasar tanto frío?


Hoy en día el complejo agrícola depende del resultado de su mejor jugador —la soja— para salvar las cuentas de todos los otros. Esto genera que si bien las cuentas se salden cuando a la soja las cosas le van bien, el problema es grande ya que se traslada más allá de la fase productiva, comprometiendo a todas las actividades vinculadas a la producción (aplicaciones, venta de insumos, fletes, etc.). Basta recordar el dato de la jornada de cultivos de invierno de FUCREA hace unos meses, en la que se dijo que el todo el sector agrícola dejará de facturar en la presente zafra US$ 130 millones por la caída en el área de cultivos de invierno.


El trigo volvió a presentar en la corriente zafra una reducción de área, siendo de 197 mil ha. Hace tiempo que el cereal no es atractivo por su precio, y dados sus costos se debe obtener un rendimiento elevado de por lo menos 4.000 kg/ha para salvar las cuentas, número que está por encima del promedio histórico nacional. Si bien por un tema de ubicación geográfica, Uruguay nunca podrá producir un trigo de excelente calidad u obtener rendimientos altísimos como en los países modelos del cereal (Francia por ejemplo, donde se obtienen 10.000 kg/ha de rendimiento), la investigación nacional no cesa. Un ejemplo de ello es el proyecto UruTrigo, que busca estrategias para viabilizar el trigo uruguayo mediante la mejora de su calidad. El investigador principal de INIA, Daniel Vázquez, expresó hace un tiempo al portal de Grupo Trigo que “a pesar de que el área tiende a disminuir, todo el sector privado decide poner dinero en investigar”, una clara señal de la importancia de esta gramínea en el sector agrícola uruguayo, y de la inquietud tanto pública como privada de encontrarle la vuelta al trigo en el sistema.


En cuanto a la cebada, el área del cultivo está topeada, dado que la demanda del sector industrial maltero varía pero siempre en valores entre 100 y 200 mil ha, por lo que no se puede aspirar a mucha más área de este cereal. Como alternativa puede aparecer lo expresado en la Expo Activa Nacional de este año por la Dra. Ulrike Sadewasser, sobre la posibilidad de exportar cebada para que sea malteada en otros países que no la producen, incorporando variedades que hoy en día no hay en el país, aunque deban someterse a aprobación tanto en nuestro país como en los países que la importarían, además de que se exige trazabilidad.


La canola al día de hoy está siendo el cultivo que más crece en área, pero empezó prácticamente de cero y el área que ocupa (47 mil ha) está por el momento lejos de los dos cultivos tradicionales de invierno. A favor del desarrollo de este cultivo juega el impulso de ALUR, dado que es mucho más ventajoso realizar biodiesel utilizando como insumo el aceite de canola en lugar de aceite de soja, por el hecho de que se requiere la mitad de aceite de canola que de soja para obtener un litro de biodiesel, además de algunas características físico-químicas que hacen al biodiesel obtenido de aceite de canola preferido sobre otros. También puede entrar como alternativa la exportación de grano de canola, y como ventaja agronómica se puede destacar que es un buen antecesor de soja, dado que se cosecha antes que el trigo o la cebada, permitiendo sembrar soja 2° en fechas de soja 1°.


Además del impacto económico que tiene la disminución del área de invierno, más importante todavía es el efecto agronómico que tiene en la conservación del recurso suelo. La dependencia del resultado de la soja hace que el cultivo se deba realizar año a año, por lo que hasta incorporar pasturas se vuelve complicado, por no decir imposible. En este caso aparecen los cultivos de servicio, entre los que se destacan leguminosas anuales invernales que en 6 meses de duración, dejan Nitrógeno (N) en el suelo, emulando de alguna manera lo que hacen las pasturas en por lo menos 18 meses. Entran como una alternativa a las coberturas, que muchas veces terminan siendo verdeos porque se pastorean para sacarle rédito económico a través de la transformación en carne, pero si no se tiene el debido cuidado en el pastoreo que se realiza se puede terminar dejando de lado el objetivo primario de las coberturas —que es evitar la pérdida por erosión de suelo— y por querer sumar unos pesos más el pisoteo termina por causar el efecto contrario al buscado en un principio. Pastorear estas leguminosas no sería una buena idea porque pueden causar meteorismo, pero además el efecto de las mismas va más allá de proteger al suelo y —si bien se está investigando en este sentido— supuestamente se ahorraría con menos aplicaciones de N en los cultivos que lo siguen, además de una mejora en el rendimiento del mismo.


Luego de este recorrido cultivo a cultivo da la impresión de que el sistema agrícola no sale de su casa como un adolescente rebelde que no atiende el consejo materno que lo incita a llevar abrigo porque hace frío afuera, sino que de verdad el frío le pega y fuerte, por lo que busca y sigue buscando algún abrigo para poder soportarlo mejor.

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