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Mauricio Strauch: “Una cantidad de factores, sumados uno a uno, hacen una diferencia importante entre Paraguay y Uruguay”

Publicado en Agricultura Domingo, 14 Enero 2018 00:00
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Por Santiago Molinaro.

La primera edición de Emprendedores del año tiene como protagonista al Ing. Agr. Mauricio Strauch, que cuenta con una vasta experiencia en la producción agropecuaria pero que sobresalta por su incursión hace más de 20 años en el negocio ganadero en Paraguay. Strauch conversó con Tardáguila Agromercados, dejando datos interesantes para poder comparar la producción ganadera entre Uruguay y Paraguay, en los cuales resalta la visión analítica que posee del sistema.


¿Cómo fue el proceso que lo llevo a decidir ir a Paraguay?

En noviembre del 85’ y febrero del 86’ realizamos con un hermano y un cuñado mío una recorrida bastante profunda prácticamente de todo el Paraguay. Nos movimos en auto y avión visitando todos los lugares que pudimos, viendo distintos tipos de producciones. En aquella época la parte que más nos atrajo fue la zona del Chaco, que es la zona ganadera que está entre el río Paraguay y el río Pilcomayo, con un régimen de precipitaciones de este a oeste desde 1.200 a 500 mm.

Si bien los montes estaban absolutamente “regalados” —valía 2 dólares la hectárea—, el problema que tuvimos para no emprender algún tipo de negocio allí fue que íbamos con mentalidad muy productivista. La tierra era despreciable, pero el desarrollo (pasar del monte a la pastura) era costoso: valía entre 300-330 dólares por hectárea, precio por el que se podía comprar algo en Uruguay. Fue por eso que llegamos a la conclusión de que no tenía mucho sentido comprar algo a 2.000 km del Uruguay y nos retiramos del proyecto que teníamos en mente.


¿Qué fue lo que hizo cambiar la decisión?

A fines de los 90’ hicimos un nuevo intento, pero ya no de compra, sino de hacer negocios de pastoreo para ver cómo era la operación en sí. Encontramos un productor paraguayo que tenía desarrollado el campo pero no tenía financiamiento como para poblar de animales, entonces entramos con un negocio de capitalización durante tres años. Después de eso, cuando este productor pudo hacer su propia inversión, apareció otro productor proponiéndonos financiar el desarrollo de un monte a cambio de colocar ganado en pastoreo posteriormente, de manera de ir recuperando el capital invertido en financiar el desarrollo. Así estuvimos seis años, hasta que en el 2006 —con algunos socios que querían invertir, conociendo la experiencia nuestra— se compró un monte, se empezó a desarrollar todo y se sigue hasta estos días.


El aterrizaje fue mucho más paulatino de lo que tenían pensado en un principio…

Totalmente, pero creo que no estuvo mal. Si bien nos perdimos el negocio inmobiliario de aquella época, fue positivo porque teníamos más experiencia para meternos en el negocio, estábamos más afincados. El valor del monte había subido muchísimo —pasó de 2 dólares la hectárea a 30-35—, pero todavía era muy barato con respecto a los valores en Uruguay de esa época.


¿Cuánto sale y qué implica desarrollar un monte?

El desarrollo implica a grosso modo una relación de 2:1; hay que comprar dos hectáreas de monte para poder desarrollar una. El desarrollo en sí está en 600 dólares por hectárea, que es más abarcativo que sólo desmontar: hay que sembrar el pasto, alambrar desde cero, realizar todo el sistema de agua, construir los corrales, las mangas, los galpones, la casa del personal, la caminería para poder trasladarse internamente… Hay que invertir bastante.


¿Qué características tiene el sistema de agua?

Hay que realizar un pozo profundo, un tanque australiano de tierra de 2 millones de litros, el equipo de bombeo y la cañería para llevar el agua. No hay agua superficial porque el relieve es un “plato”, no hay cañadas ni arroyos, además de que el régimen de lluvia no daría como para seguir alimentando los cauces de agua.


¿No hay que realizar ninguna inversión más luego del desarrollo inicial de la hectárea?

Lo único que hay que hacerle equivalente a las refertilizaciones de Uruguay —en el sentido de que es un gasto que hay que realizar recurrentemente— es la lucha contra las malezas herbáceas, leñosas y semileñosas, que cuesta alrededor de 40 dólares por hectárea que se va a intervenir.


¿Cuál es el recurso forrajero que se utiliza y cómo es el manejo que se realiza?

Se utiliza la especie Gatton panic, una Panicum que anda muy bien. Se siembra y a los dos años se realiza una limpieza manual, que cuesta alrededor de 27-30 dólares por hectárea. Al quinto año en promedio (porque hay pasturas que tienen 8 años y no se realiza nada) hay que invertir esos 40 dólares por hectárea a los efectos de limpiar las malezas que ya fueron crecidas más de lo que es conveniente como para realizar una limpieza manual.

También se puede realizar en este momento una descompactación del suelo, que se realiza con una herramienta que se llama Ripper Rolo. Es un cilindro con aletas en distintas posiciones, con unas zapatas atrás como si fuera un cincel, entonces rompe la compactación que se genera por el pisoteo de los animales. Esto da un costo de 70 dólares por hectárea cada cinco años.


El desarrollo es más complejo que simplemente desmontar entonces…

Sí. Pienso que muchos compatriotas han ido pensando más en el negocio inmobiliario, o pensando que además del negocio inmobiliario habría que hacer una inversión adicional pero nunca del monto que hay que invertir. Eso generó que mucha gente así como entró se fue, o se está yendo, o está tratando de conseguir algún socio.


¿Qué tipo de ganado se utiliza?

El Cebú es al día de hoy el ganado mayoritario, pero de todas formas hoy en día hay mucha raza sintética, tipo Brangus, Braford o Senepol, que andan muy bien y están creciendo porque es una manera de darle más calidad de carne al Cebú. A nivel global Paraguay tiene el mismo stock vacuno y produce lo mismo que Uruguay, pero son muy eficientes, porque se embarca en promedio a los 2 años de edad con 500 kilogramos en pie.


¿Cómo es la relación entre productor e industria en Paraguay?

Yo creo que la industria está en una etapa más atrasada, pero no muy lejana, a la de la industria en Uruguay. Por ejemplo no hay cajas negras y se hace menor emprolijado de la res (dressing), por lo que aumenta un poco el rendimiento. Otra cosa diferente es que en Paraguay el flete lo paga el productor directamente, lo contrata el productor y hay que ponerlo en el frigorífico. Y todo es a la carne, no existe el precio al kilo vivo. De todos modos la industria está muy avanzada respecto a lo que yo conocí hace 15-20 años; la prueba está en que exportan a Europa, aunque no tengan una Cuota de la magnitud de la uruguaya (tienen un cupo de 1.000 toneladas para la Unión Europea).


¿Cuál sería la principal diferencia entre el negocio ganadero entre Uruguay y Paraguay?

Nosotros creemos que las cosas valen por lo que producen. Una hectárea desarrollada en Paraguay cuesta 1.600 dólares y produce entre 170-180 kg carne/ha, en un régimen de ciclo completo —si fuera invernada sería más todavía—. En Uruguay para conseguir 180 kg carne/ha hay que tener un campo de bueno para arriba, que me animo a decir debe andar entre 110 y 130 de CONEAT y costará unos 3.200-3.500 dólares la hectárea. Entonces hectárea a hectárea en Paraguay el costo es casi de la mitad, pero además en Uruguay hay que realizar muchas mejoras del tipo de praderas artificiales, que tienen mayor costo y menor vida útil. Ahí ya hay una diferencia desde la productividad y costos de mantenimiento.

Si a estas dos diferencias, se le suman todos los otros costos en términos de contribución inmobiliaria, impuesto a la renta —que es del 10%—, el IVA —que también es del 10%—... hay una cantidad de factores que acumulados uno a otro hacen una diferencia muy importante.

Por eso pienso que no es de locos pensar que un campo de esa productividad en Paraguay debería valer el 80-85% de lo que vale en Uruguay. Y todavía no es así, por lo que incluso queda una posibilidad de valorización, pensando en el negocio inmobiliario.

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