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Otra vez se encendió el debate por la exportación en pie

Publicado en Ganadería Viernes, 08 Septiembre 2017 00:00
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Por Rafael Tardáguila

El trabajo de CPA Ferrere sobre la exportación de ganado en pie, comprado por la industria frigorífica, puso nuevamente en el tapete un debate recurrente: los beneficios o perjuicios que le causan al país la salida de los animales vivos por la frontera, en lugar que hagan todo su tránsito hasta llegar a la playa de faena de la industria frigorífica radicada en Uruguay.

Pocas horas después, la Asociación Rural anunció la contratación de la consultora Apeo para que diera otro punto de vista respecto al mismo tema. El propio ministro Tabaré Aguerre, en su primera aparición pública desde Expo Prado 2017, se refirió al mismo.

 

De acuerdo con el estudio de CPA Ferrere, entre 2008 y 2016 se fueron vivos por la frontera uruguaya 1,5 millones de vacunos que, debido a ello, no fueron industrializados en el país. Estima que la pérdida de Valor Agregado Bruto (VAB) ha sido de unos US$ 480 millones —US$ 53 millones por año—, equivalente a US$ 319 por cabeza.

Por su parte, Apeo contrasta un denominado enfoque “estático” de CPA Ferrere, con otro “dinámico” que tiene en cuenta otros aspectos vinculados con la salida temprana de los animales vivos. Por ejemplo, dice que gracias a ello hay 200 mil vacas de cría más en el país que, con un porcentaje de destete conservador, de 58%, aportan 116 mil animales más por año. Solo considerando el valor de los novillos producidos por esas vacas, son US$ 56 millones más por año.

Es incontrastable que, si los terneros exportados en pie hubieran sido procesados en el país, hubieran dejado un valor más alto, más mano de obra para los uruguayos y la venta al exterior de productos de mayor valor. Pero es muy dudoso que esa cantidad de animales hubiera llegado a existir. La exportación en pie es una garantía necesaria para el sector criador, el eslabón más débil y atomizado de la cadena cárnica uruguaya. De no existir la puerta abierta para que el ganado se vaya vivo, es más que probable que el precio de los terneros no hubiera alcanzado en estos últimos años los niveles a los que llegó, con una relación de reposición históricamente alta, que entre 2016 y 2017 se ha ubicado de forma persistente por encima de 1,30. La faena de vacas hubiera sido mucho mayor —proceso de liquidación de existencias—, se hubiera faenado más durante determinado lapso de tiempo y se hubiera comprometido el futuro de todo el complejo cárnico, primero del criador, luego del Invernador y, por último, también del industrial.

Eso es un hecho incontrastable. Siempre ha sido así.

También lo es que la faena de vacunos en Uruguay no ha disminuido a pesar del crecimiento constatado en la exportación de ganado en pie. A ello se refirió el ministro Aguerre desde la Expo Prado.

La mayor cantidad de puertas abiertas, o la “válvula de escape” que significa la exportación de ganado en pie, permite sostener los precios de una de las categorías esenciales del complejo ganadero y atemperar potenciales crisis forrajeras, al sacar al ternero para zonas lejanas.

Pero también se dan injusticias por las distorsiones impuestas por algunos de los países compradores. Es clarísimo en este sentido lo de Turquía, con impuestos prohibitivos para la importación de carne y mucho menores en el caso del ingreso de ganado. Es, sin dudas, una forma de competencia desleal, dado que por una barrera arancelaria se le impide al sector frigorífico competir con los exportadores de ganado en pie.

Eso es muy claro. Lo que no lo es tanto, es que la solución a ello sea limitar la exportación en pie, una forma de “igualar hacia abajo” en materia de acceso a los mercados del exterior.

Uruguay, como país chico y con una escasa demanda interna, se juega todas las cartas a colocar su producción en los mercados internacionales. Para ello logra un muy elevado estándar sanitario, tiene una gran cantidad de mercados abiertos y brega —quizás no de la mejor forma— por mejorar las condiciones de acceso.

Auto limitarse en algunas de las posibilidades de colocación en exterior, ya sea con mayor o menor valor agregado, sería una estrategia que, con toda seguridad, termine convirtiéndose en un freno en el desarrollo sectorial.

La actual parición de terneros será numerosa. Con toda seguridad, cuando el año que viene se contabilicen los terneros destetados, se superen con cierta holgura los 2,8 millones. ¿Cuántos hubieran sido si, en lugar de US$ 2,20 el kilo, los terneros hubiera cotizado a US$ 1,80? Sin dudas, muchos menos.

El complejo cárnico en Uruguay tiene varias batallas para dar en forma conjunta. El sector sufre la ineficiencia de un país carísimo, con tarifas públicas y precios de la energía muy superiores a las de los competidores, que se suma a un precio del dólar deprimido que encarece la producción local en el mercado internacional.

Es allí donde el sector, desde la producción hasta la industria, incluyendo a todos quienes participan de forma directa e indirecta en el negocio, debe apuntar para mejorar la competitividad sectorial en un mercado internacional siempre difícil.

Es más que factible que con un costo país más bajo, una porción de esos animales que se fueron en pie, se hubieran quedado en el país y hubieran seguido toda la cadena hasta la playa de faena del frigorífico. Esa es la batalla por dar como sector, para apuntalar el crecimiento de todo el complejo y no el de uno en desmedro del otro.

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