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El ministro se fue por la puerta chica

Publicado en Ganadería Viernes, 19 Enero 2018 00:00
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Aguerre

Por Rafael Tardáguila

Tabaré Aguerre dejó de ser ministro de Ganadería esta semana, luego que el presidente Tabaré Vázquez le aceptó la renuncia que había presentado sobre mediados de diciembre pasado.

No es un ministro más. Es quien, a lo largo de la historia, ocupó por un mayor período de tiempo la titularidad de una de las principales carteras del país. Una persona del campo, sin antecedentes político-partidarios, quien le imprimió un sesgo claro a su gestión, con más aciertos que errores.

Hace varios meses que se habla de su alejamiento. Un año atrás sonó fuerte, con un enroque que vinculaba al actual canciller, Rodolfo Nin Novoa, como sustituto. La cosa se fue dilatando, según se dice a pedido del presidente Vázquez, quien pretendía dejar los cambios del gabinete para luego de superada la crisis Sendic. En setiembre, en pleno Prado, nuevamente surgió el rumor de la salida de Aguerre. Incluso, por un viaje familiar a España, no realizó el discurso del gobierno en el acto de cierre. Nuevamente, para Vázquez no era la mejor oportunidad.

En conversaciones informales Aguerre no lo afirmaba, pero daba a entender que el peso de tantos años en el cargo lo estaban desgastando y que la familia presionaba. En esas mismas charlas informales, no eran pocos los productores que le reclamaban mantenerse en su puesto.

Más allá de que siempre hay buenas y de las otras, Aguerre tuvo varios momentos para irse por la puerta grande. Luego de aprobada la ley de riego, uno de sus principales desvelos; luego de la salida del primer contenedor de carne ovina con hueso; luego de haber ganado la batalla en el propio seno del Ejecutivo para la aprobación de algunos eventos transgénicos. Pero no lo hizo. Quizás por hacerle caso al presidente, quizás por lo difícil que es dar un paso al costado cuando se tiene un cargo con poder de mando.

Finalmente, se fue en medio del principal conflicto en el agro de los últimos tiempos, solo asimilable a las movilizaciones de 1999. Lo hizo en silencio, por la puerta chica. Como un técnico de fútbol que, en lugar de irse campeón, opta por quedarse un año más y las cosas salen mal.

Con el paso de los meses, desde el sector productivo se lo empezará a extrañar.

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